Afganistán: un ataque suicida deja 17 muertos

Un ataque suicida en la boda de la hija de un miembro del parlamento en el norte afgano dejó 17 muertos y al menos 47 heridos.

Los “objetivos” del ataque eran el anfitrión y padre de la novia, Ahmad Khan Samangani, conocido en el país como “señor de la guerra” por haber lucha junto a Estados Unidos contra el ejército soviético durante la ocupación de los ochenta y contra el régimen talibán de 1996 a 2001.

“El suicida abrazó a Ahmad Khan Samangani e hizo estallar su chaleco explosivo”, aseguró una fuente policial.

Un comentario en Afganistán: un ataque suicida deja 17 muertos

  1. Sergio dijo:

    “Nadie gana una guerra en Afganistán”
    dicho popular afgano.

    “Cuando te veas herido y abandonado en las llanuras de Afganistán y las mujeres acudan a arrancarte tus despojos…coge tu rifle, sáltate los sesos y dirígete hacía tu dios como un soldado…”
    Rudyard Kipling.

    “Hay tres obligaciones: hospitalidad, venganza y la obligación de dar refugio a todos los que lo soliciten”
    Melmastia (hospitalidad), Bastal (venganza) y Nanawatai, (donde incluso al enemigo se le da refugio).
    principios del Pashtunwali, código de honor de los Pashtun, etnia Afgana.

    En su idiosincrasia Pashtun esta el deber de la hospitalidad aún para con sus más feroces y sanguinarios enemigos, algo que desde nuestra cultura nos puede resultar chocante.
    Apenas comienza la más extensa guerra de EE.UU. en Afganistán los “señores de la guerra” del norte de ese país se pliegan presurosos al bando de la alianza.
    Por esas cosas del destino, los otrora “mujaidinies de la Libertad” que habían peleado contra los Rusos ayudados po la CIA y Rambo III los había llevado al cine eran ahora los “perversos Talibanes” culpables de asilar a un Bin Laden supuestamente responsable por los ataques del 11-S.

    En ese ataque, en la famosa lista de 19 integrantes eran todos de Yemen, Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Egipto y un libanés, el mismo FBI no buscaría a Laden por ese hecho dado que no había pruebas suficientes que lo relacionaran, no había Iraquíes, Libios, Sirios, Iraníes ni Afganos.
    Pero Afganistán sería en seguida el primer eslabón de una seguidilla de guerra basadas en mentiras por recursos estratégicos que por ahora finaliza en Libia. Las campañas ya habían sido elaboradas por Bush Jr. en 1999 cuando apenas subió al poder.

    Los Talibanes que afines de los ’90, aplicando retrógradamente las leyes del Corán habían destruido esos bellos Budas esculpidos en las montañas, como hay grupos en Egipto que hoy pretenden destruir las pirámides, habían arruinado aplicando métodos brutales el negocio principal de los Señores de la Guerra, los cultivos de adormideras.

    Ni bien la alianza de los pocos puso su pie sobre ese suelo los “Señores” volvieron a recuperar sus lucrativos negocios, esta vez incluso contando con la logística de transporte y distribución la OTAN y Afganistán volvió a quedarse con más del 95% de la producción mundial de opiáceos.

    No hay patriotismo ni banderas en los Señores de la Guerra, sólo son fieles al color del dinero y saben que con un Afganistán cada vez más en manos de los Talibanes sus días estarán contados.

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